Por José Enrique Malavassi.
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En la actualidad, muchos niños y niñas enfrentan una realidad silenciosa pero preocupante: cada vez se mueven menos. Las largas horas frente a pantallas, la falta de espacios seguros para jugar y una rutina acelerada han provocado que el sedentarismo y el sobrepeso se conviertan en una amenaza real para su salud y bienestar.
Lo más alarmante es que esta situación no solo afecta su cuerpo, sino también su autoestima, su energía y hasta su estado de ánimo. Y lo que es aún más revelador: los estudios muestran que las niñas tienden a ser menos activas que los niños, lo que nos habla de una diferencia de género que también debemos atender.
Entonces, ¿qué podemos hacer como madres, padres y cuidadores?
La respuesta está en volver a lo básico: el juego, el movimiento, la risa al correr, el aprender con el cuerpo. Promover la actividad física desde casa, no como una obligación, sino como una parte natural de la vida diaria. Caminar juntos al parque, bailar en la sala, participar en deportes, limitar el tiempo en pantallas, y sobre todo, dar el ejemplo.
Moverse es mucho más que hacer ejercicio. Es una forma de crecer sanos, fuertes y seguros. Es darle a la infancia el espacio que necesita para florecer con libertad y alegría.
Como familias, tenemos un rol fundamental. Nuestros hábitos de hoy construyen la salud de mañana. Y no se trata de grandes cambios, sino de decisiones pequeñas pero constantes que suman: más juego, más naturaleza, más movimiento.
Porque una infancia activa es una infancia feliz. Y eso empieza con nosotros.



